Conocer la verdad de lo que esta pasando es la única salvación posible (1)


De inmediato se inicia el tercero de los juicios contra el ya ex juez Baltasar Garzón, que como han difundido los medios de comunicación se trata de la sospecha, fundada, de que el juez recibió fondos del Banco Santander para organizar unos cursos en la Universidad de New York aprovechando un año sabático del poliédrico personaje en los Estados Unidos. Todo esto estaría muy acertado sino fuera que Garzón archivó una querella presentada contra el banco, por los abogados Antonio Panea Yeste y José Luis Mazon Costa, sin ton ni son. Los pormenores del caso ya han circulado, incluso una carta que Garzón dirige a Emilio Botín solicitando dinero para su año sabático con el encabezamiento de “Querido amigo”. Dejaré que en los medios de comunicación informen o desinformen que ni Botín ni el Santander tienen nada que ver con lo que se juzga. Me centraré en el fondo de la cuestión: el por qué se ha llegado hasta aquí, y que cada uno saque sus propias conclusiones. Creo que de lo que podíamos llamar el intríngulis del caso ni tan siquiera se abordará o se pasará de puntillas, ojos que no ven corazón que no siente, ya que hay demasiadas capas del ejecutivo, el legislativo y el judicial empantanadas en este asunto. Anticipo que me es del todo imposible situarme en una posición objetiva, por lo tanto ecuánime e impersonal ya que una parte de los argumentos de las demandas judiciales interpuestas por el abogado y consejero de Banesto, Rafael Pérez Escolar (QEPD) han partido de mis investigaciones periodísticas. Por lo tanto, información, opinión e investigación pueden estar en un mismo plano pero no creo, sinceramente, que pueda afectar a la verdad.

El juicio a Garzón no llega en el mejor momento para los bancos que ven como la ciudadanía los señala como responsables de la crisis galopante y además se intuye, ya se verá a lo largo del juicio, una connivencia entre los tres poderes del Estado y el todopoderoso presidente del Banco Santander. Para llegar al final, el juicio a Baltasar Garzón, la historia empezó años atrás cuando presidía el país el socialista Felipe González y apareció en el horizonte una amenaza tangible de nombre Mario Conde que llegó a la presidencia de uno de los grandes bancos del país, el Banco Español de Crédito (Banesto), la alarma se encendió en la Moncloa en el momento que Mario Conde, a través del banco, se propuso adquirir La Vanguardia, uno de los grandes de la comunicación. Rápidamente, las mentes pensantes del PSOE llegaron a la conclusión que Conde estaba decidido a formar un partido político, La cosa iba a más, sus cabalas les llevaban, por el carisma del personaje, a que esa opción política los podía descabalgar de sus poltronas. Fue entonces cuando la maquinaria empezó a proyectar alternativas con el fin de diluir la amenaza que se cernía sobre su parcela de poder. No tardaron en encontrar el punto débil de Mario Conde: la presidencia del banco.

Atacar este bastión, la presidencia del banco, era tanto como atacar los cimientos del propio banco ya que el argumento se basaba en la solvencia de la entidad financiera. El fin justificaba los medios y al partido de la oposición, el PP encabezado por José María Aznar, también le convenía que se quitara de por medio a Mario Conde por las mismas razones que a los socialistas. Así se llegó a la intervención el 28 de diciembre de 1993 cuando el Banco de España destituyó a los administradores del banco y nombró a Alfredo Sáenz, el actual Consejero Delegado del Banco Santander, como funcionario público en la dirección de Banesto. Las viejas familias aristocráticas que formaban el consejo de administración del banco, viendo por donde iban los tiros, se fueron con el rabo entre las piernas no fuera que la ira del poder la emprendiera con ellos. Hacia escasamente unos meses que Banesto había sido autorizado por el Banco de España para lanzar al mercado una macro ampliación de capital que respaldada por el banco emisor fue una garantía de solvencia que se transmitió a los inversores, sobretodo a los internacionales como J.P. Morgan, que acudieron a la compra masiva de acciones. Poco importaban los efectos secundarios de la decisión: la pérdida de valor de las acciones, y la aportación de fondos públicos para el supuesto saneamiento del banco. Lo que importaba era defenestrar a Mario Conde y dejar su exitosa reputación a la altura de lo escatológico.

La decisión política dejaba un inmenso botín al alcance de los depredadores que rápidamente tomaron posiciones. El primero en situarse fue Emilio Botín que para poder decirlo de la manera más suave posible soborno a Alfredo Sáenz, entonces funcionario nombrado por el Banco de España, y a su camarilla que formaban el nuevo consejo de administración de Banesto con el 1% de las acciones del banco, una morterada, para que en conjunto remaran con entusiasmo hasta llevar el buque hundido de Banesto a puerto y cobijo del Banco Santander. Mario Conde no supo o no pudo reaccionar ante esta avalancha de depredadores, el número uno de su promoción de abogados del Estado, el niño bonito y espejo donde se miraban entusiastas jóvenes que pretendían emularle quedaron defraudados por la actitud chulesca y poco inteligente con la que se manifestó. Una estrategia equivocada, quizás impulsada por su entorno, se decantó por el ahora te vas a enterar dirigida a Felipe González, una guerra atómica que si bien llegó a defenestrar al presidente del país no consiguió su objetivo de retornar a la presidencia del banco. Una lucha de Titanes con el GAL de por medio que no ha quedado, para la mayor parte de los ciudadanos del país, suficientemente explicada. Más adelante, en un post monográfico creo que podré explicar como se desarrollaron estos acontecimientos. Por ahora quédate con la copla que Mario Conde se cargó a Felipe González. 

Otra actitud muy dispar a la de Mario Conde fue la que optó Rafael Pérez Escolar consejero de Banesto en el momento de la intervención. Pérez Escolar, una persona con mucho carácter, orgulloso y tengo que decir que rebosaba de aquel orgullo asociado a la dignidad que tanto admiro en las personas que son capaces de anteponerlo a cualquier circunstancia que se presente en la vida. Personas inteligentes he conocido muchas, pero al nivel de Pérez Escolar nadie. Bien, pues este hombre jurista de prestigio e incluso juez de profesión emprendió la única deriva que su mente estructuraba: los Tribunales de Justicia. Santa inocencia, el Estado de Derecho donde se nutría Pérez Escolar no respondió. Unas endemoniadas vacaciones subvencionadas por el poder económico tienen la culpa de que la señora justicia ande distraída en asuntos de poca monta. El consejero díscolo de Banesto se fue de este mundo sin conocer si algún día sus alegatos en los tribunales tendrán el respaldo judicial. Hasta que el asunto recayó en el juzgado de Baltasar Garzón habían sido muchos los asuntos que Pérez Escolar llevó a los tribunales presentados por un equipo excelente de abogados; Antonio Panea, Javier Sotos e Iván Hernández que indefectiblemente han llevado una suerte muy dispar pero con el denominador común de que cada juez, al que caía el asunto en sus manos, seguía el paripé de una actuación judicial. La actuación de Garzón superó la de otros jueces al desestimar la causa, sin razonamiento que valga, e ir a Emilio Botín a pedir dinero para su año sabático en New York. Como mínimo, el juez Garzón, tendría que recordar lo de la mujer del Cesar.

Lo que más me ha costado digerir en todos estos años de visitas furtivas a distintas cocinas del imperio es la actuación de la justicia y para ser más preciso de los jueces. ¿Qué defienden? Si la respuesta es la aplicación de la ley mienten, es tan sólo una vulgar excusa un pretexto donde ampararse en una posición pasiva. Si algún día la ciudadanía llega a tener conocimiento de lo que esta y ha estado pasando, sin lugar a dudas, les señalará con el dedo acusador. En los dos próximos post, para que con este vuelvan a formar una trilogía, traeré a colación algunos de estos asuntos que han ido rodando de juzgado en juzgado hasta llegar a manos de Garzón. Como aperitivo, para aquellos que no lo conozcan, en la barra de este blog hay dos entradas que ligan con este asunto: Investiga que algo queda con el asunto Banesto de por medio y El banco paralelo del Santander una pequeña parte extraída del libro El botín de Botín.

Antes de entrar en la segunda parte del post, que como siempre es para aquellos que no han agotado la paciencia, quisiera rememorar las largas conversaciones que tuve con Rafael Pérez Escolar cada vez que por diferentes cuestiones me desplazaba a Madrid e incluso lo había visitado en su monasterio rehabilitado como vivienda en la provincia de Burgos donde le hacia participe de mis “descubrimientos” buceando las memorias y estados contables del Banco Santander. Siempre, la conversación derivaba por el mismo camino “¿Estas seguro José Manuel de lo que dices? Esto parece imposible que se pueda dar con tantísimos controles a los que se enfrenta un banco que cotiza en las más importantes plazas mundiales”. Entendía la sorpresa de Rafael, el impacto era similar al que yo mismo recibí cuando me llegue a convencer, en base a innumerables elementos de prueba, de que existía agazapado entre las cuentas del banco otro banco paralelo que engullía, y para decirlo más claramente donde se esconden ingentes activos sustraídos al control de los accionistas: 400 de las sociedades participadas por el banco de un total de 600 han desaparecido de la Memoria del Santander con todo sus activos y muchas de estas sociedades están domiciliadas en los paraísos fiscales donde su búsqueda se hace casi imposible. De este asunto hablaré en el próximo post.

Una última puntualización: no confundir el juicio a Baltasar Garzón por la supuesta retribución de los cursos impartidos en la Universidad de New York a cargo del Banco Santander, con otro procedimiento judicial que lleva el Juez Fernando Andreu Merelles del Juzgado Central de Instrucción 4 de la Audiencia Nacional donde están imputados Emilio Botín y su estirpe familiar por defraudación fiscal con cuentas secretas en Suiza, del que también tengo algo que decir. Dejaremos para más adelante el material sensible que afecta a este caso.

Un fantasma recorre el mundo

Nada parece detener la voracidad de los mercados financieros que recurren a todas las tretas habidas y por haber con tal de llevarse el dinero de las buenas gentes y acto seguido después de desplumar las arcas del Estado reclaman la prioridad absoluta de sus réditos una vez que se han escaqueado de contribuir con sus cuantiosos beneficios al Erario público. Esta ruin actitud distorsiona por si sola la estabilidad social de la nación. Empecemos por el principio, los partidos políticos, muy preocupados en pelearse entre ellos dejan al margen la mayoría de las cuestiones que afectan directamente a los ciudadanos. De la que si que se ocupan, y hasta la extenuación, es en la relativa al cobro de los impuestos. Tanto que éstos sean directos o indirectos no hay nada que se les escape, pero cuando se trata del banco presidido por Emilio Botín el asunto parece entrar en fase esperpéntica. Podríamos decir que el asunto fiscal va manga por hombro. Los administradores del banco cantabro dejan constancia en la memoria del ejercicio contable del banco de la asignación tributaria que ellos creen que les corresponde, y la sitúan en estos términos: cuota teórica del impuesto sobre Sociedades que, como tributa a un tipo del 35%, correspondía a un pago de determinados millones de euros. Pero esa asignación para las grandes empresas es tan solo una anotación virtual al verse diluida por las perpetuas rebajas, por lo que se deducen por “Diferencias permanentes” unos cuantos milloncejos de nada. No acaba aquí la cosa; “Deducciones”, acogiéndose a la literalidad de lo que se anuncia se deducen otros millones de euros. Por lo tanto, el Impuesto sobre Sociedades queda reducido, por arte de birlibirloque, a la insignificancia. De un tipo del 35% hemos pasado por “diferencias permanentes” (es decir, para toda la vida), y deducciones varias, a un tipo que no llega al 5%. Ya me dirán si es de recibo que el mayor banco del país no pague prácticamente impuestos. Es mas, se retienen del dividendo grandes sumas en concepto de devengo de impuestos, pero finalmente o sufren una importantísima reducción o bien ni se ingresan en las arcas del Estado. Estos miles de millones vuelan a no se sabe dónde. Pero llegar hasta aquí ha llevado su tiempo.

En los últimos años, el Banco de Santander ha pasado a multiplicar sus beneficios mientras que los impuestos no han ido a la par. No hay constancia pública de lo que se dice pagar a la Hacienda Publica. En nuestra simplicidad de ciudadanos de a pie, nos parece que si los beneficios se incrementan de año en año la carga impositiva debiera correr la misma suerte. Si nos remontamos a 1988 vemos que el Banco Santander declaraba entonces unos beneficios antes de impuestos que correspondía con una carga fiscal del 35%. Diez anos después, las cosas cambiaron radicalmente: los beneficios del Santander se multiplicaron y la carga por el Impuesto de Sociedades tan sólo representaba el 22`2% del beneficio bruto. Muy lejos, por tanto, del 35% registrado en 1988. No sabemos si la ley fiscal en vigor está deplorablemente concebida en beneficio del poder económico o la recaudación tributaria funciona manga por hombro, o las dos cosas a la vez. El paso de un 35% a un 22% no se llegó de forma súbita, sino mediante un goteo constante y planificado.

En 1991 había descendido al 34%; en 1993 volvió a caer dos puntos; al año siguiente, dos puntos mas, situándose en el 30%; en 1996 bajo al 26%, y en 1997 se situó en el 24%. Conclusión: cuanto mas gana el Banco Santander, menos paga porcentualmente en impuestos. Igual que sucede con todos nosotros, los ciudadanos de a pie, cada vez más satisfechos con el levísimo esfuerzo fiscal que se nos pide sin la menor demora para el bien de la patria, todo por la patria. El organismo a quien corresponde inspeccionar estas cuentas es la Oficina Nacional de Inspección de Hacienda, a quien se asigna la investigación de las grandes empresas por lo que llama poderosamente la atención que subsista el estado de cosas que hemos descrito de manera sucinta. La institución fiscal parece que estuviera paralizada, puesto que no se conoce a impulsos de la autoridad judicial, actividad inspectora relevante. Tanto es así que el Banco Santander tiene, regularmente, pendientes de inspección los últimos cinco ejercicios en la mayoría de las sociedades consolidables que integran el grupo, lo que longa manu invita a la prescripción tributaria por obra y gracia del tiempo, que todo lo cura; “Todas las cosas nos son ajenas, solamente el tiempo es nuestro”, repiten con el poeta los ilustres comensales solazados por tantos motivos recíprocos para levantar sus copas y brindar con el mejor champán.

Todas estas irregularidades, escogidas aquí y allá, son tan solo una muestra del amplísimo repertorio que se ofrece ante nosotros ejercicio tras ejercicio. Como quien no quiere la cosa, se “distraen” cada año centenares de millones, una practica que podemos calificar de habitual y que contó con la necesaria complicidad, por acción u omisión, de la firma auditora, otra vez Arthur Andersen, que siempre andaba de por medio cuando había que tapar algún chanchullo de campanillas a cambio de sucosos “honorarios”. Todas las irregularidades detectadas en las cuentas del Santander se santificaron con la complicidad inevitable de la famosa auditora “independiente”, que dio en justificar lo injustificable y hasta jurándolo en arameo si era menester. Su informe de auditoria, unido a la memoria del banco, pretendía dar legitimidad a unas cuentas que nada tienen que ver con el fiel reflejo de su verdadera imagen patrimonial. En los informes de auditoria, por supuesto, no hizo mención alguna sobre el destino de 55 sociedades participadas, todas ellas domiciliadas en paraísos fiscales, que han desaparecido sin dejar rastro de las cuentas de la matriz. La auditora Arthur Andersen falleció con las botas puestas anclada en la tesis implícita de que se trataba de una disolución imaginaria de sociedades fiscalmente opacas. Y el informe, claro esta, tampoco hacía referencia a que las bajas societarias no se correspondían con la información facilitada a la CNMV. Mentiras tras mentiras que culminaron con su obligada disolución y su plantilla acabó integrada en Deloitte que es más de lo mismo con otro nombre. Estas firmas no solo prestan servicios de auditoria sino que el asesoramiento fiscal forma parte de su misma religión, Todo en un mismo pack.

Un misterio que hace desaparecer  una buena parte de los beneficios por arte de magia es el tratamiento que se le da a los “minoritarios”. El apelativo de minoritario parece conectar con la pérdida de derechos que los mayoritarios imponen. Esta situación se puede dar en cualquier sitio excepto en las cuentas del Santander donde los minoritarios son un lujo y un misterio. El concepto de minoritario que los administradores del Santander dan en las memorias del banco, es aquella sociedad que esta participada por el banco —incluso gestionada ya que puede ser otro banco— de la que no tiene la mayoría del capital social. De ahí, que el minoritario es, por decirlo así, los socios que comparte el accionariado. Los resultados informados en la memoria corresponden a la totalidad de los beneficios obtenidos por la sociedad participada, por lo tanto, se deben extraer los beneficios que por participación tienen los otros socios. Dicho de una forma o dicho de otra, esta es la única razón de que se deduzca del beneficio neto consolidado esta partida contable. La deducción por este concepto no es moco de pavo, entre el 25 y el 27% de los beneficios del balance consolidado se destina a la retribución de los minoritarios. La cuantía asignada es un autentico acto de fe. Para empezar funciona a través de un saldo; se especifica un saldo inicial y un saldo final que se va arrastrando ejercicio tras ejercicio. Así y todo, el diferencial de los saldos no sirve para absolutamente nada. No se extrae ninguna conclusión contable y, por arte de magia, se desprende una cantidad que lleva el titulo de “Beneficio neto del ejercicio atribuido a la minoría” de la que no hay referencia que la acredite como correcta. Si trata uno de averiguar como evoluciona el saldo, el misterio todavía es mayor. Bajo el epígrafe “Intereses minoritarios” hay una relación que contempla tan solo entre 20 y 25 sociedades de las más de 600 que el banco participa significadamente. No solo es insuficiente esta información, si no que la que se facilita es inveraz.

No es de extrañar que el beneficio quede mermado por una rapiña, sobre la parte que corresponde a terceros, cuando no existe la posibilidad de determinar quiénes son, en que sociedades participan, y cual es el porcentaje accionarial que ostentan. Todo se hace expresamente para que la información transmitida a los accionistas sea tan disparatada que no se pueda entender, y, a la vez, si alguien pregunta, sirva de lección magistral a semejanza de la parte contratante de los hermanos Marx. De lo que existe la seguridad absoluta es que las sociedades participadas por el banco no aportan el beneficio que le corresponde por su participación en el capital social. Consecuentemente, una forma de evacuar fondos a la chita callando es asignarle a los minoritarios unos beneficios que no corresponden con el capital social que representan. Tan solo este episodio de los “minoritarios” precisa una investigación que puede llevar meses, e incluso años, para acabar de desenmascarar a Emilio Botín y compañía del saqueo que a las cuentas del Santander están practicando día y noche. Como a Felipe II, al imperio de Botín no se le pone nunca el sol.

Impunidad absoluta

No hace falta ser un experto contable para percatarse que las cuentas que presenta el Santander son pura engañifa. Lo que más me cuesta entender es la impunidad con la que se realizan estos actos delictivos en el que pasivamente actúa una procesión de autoridades de control. Ver para creer. Las mentiras crecen y se desarrollan contaminando los balances contables y repitiendo una y otra vez los engaños. Nadie le ha parado los pies a Emilio Botín, presidente del Santander, es el máximo impulsor de; la simulación de beneficios en un banco que cuenta con más de un millón de accionistas que nunca más van a saber lo que se ha hecho, se hace y se hará de los miles de millones que se van directos al cielo… o a Suiza. Las cuentas se presentan manga por hombro. Para evidenciar que las cuentas que se presentan a los accionistas están hechas a capón, partamos de un revelador ejemplo. Resulta que el beneficio obtenido por la participación en sociedades, tal como queda reflejado en las memorias del banco, viene a resultar mayor que todo el resultado del que informa el banco que ha obtenido. El Santander, además de la actividad propia de la banca —comprar y vender dinero-— obtiene pingües beneficios que provienen de las sociedades en las que participa, algunas de las cuales desarrollan ciertamente actividades propias del negocio bancario —como Banesto— o bien financieras, de leasing, etc. En definitiva, estas sociedades en las que participa el Santander aportan unos beneficios al banco en función de la cuantía de su participación. Así, los resultados de Banesto le pertenecen al Santander en función de su participación accionarial, que llegó a tener el 97,96%.

Se entiende, ya que no parece que pueda ser de otra manera, que los beneficios obtenidos por sus participaciones en estas sociedades, formen parte alícuota de los resultados del ejercicio del propio banco. Teniendo en cuenta esta premisa, los administradores del Santander dan cuenta, uno por uno, de los resultados obtenidos por estas sociedades. Incluyen esta información en el Anexo I, que se extiende a lo largo de cuatro páginas. En él se relacionan “las sociedades consolidadas más significativas que integran el Grupo Santander Central Hispano”. En este listado se incluyen las más significativas, lo que quiere decir que no están todas. Adicionalmente, facilitan, en el Anexo II, una relación con “las sociedades no consolidables con porcentaje de participación del Grupo superior al 3% (20% si no cotizan en Bolsa)” donde se precisa asimismo que “se incluyen las sociedades más significativas, en conjunto, más del 98% de la inversión en dicho colectivo”.

Los Anexos I y II de la memoria del banco facilitan el nombre de la sociedad, su domicilio, actividad, la participación poseída por el banco —tanto directa como indirecta—, el capital de la sociedad, las reservas, los resultados del ejercicio (siempre referidos a la sociedad relacionada), así como el coste contable que esa participación ha supuesto para el Santander (es decir el coste en libros). Ahora bien, si de esos listados (Anexo I y II) se segregan las participaciones directas que ostenta el Santander, y se toma uno la molestia de vincular los resultados obtenidos por estas sociedades —cuestión que omiten los administradores— con la participación que ostenta el  banco, se obtiene como resultado los beneficios (o pérdidas) que han producido estas participadas y que se han de incorporar en la cuenta de explotación del banco. Esta segregación de las participaciones directas se detecta fácilmente, no hace falta complejas operaciones matemáticas, insisto, tan sólo se trata de vincular la participación accionarial del banco con los resultados obtenidos por la sociedad. El resultado es de sorpresa mayúscula.

¿Como es posible que una sola partida contable del balance del Santander, como es la referida a resultados de las participadas, sea mayor que los resultados en conjunto del banco? La respuesta entra en el capitulo de los efectos paranormales. Lo que parece incuestionable es que los resultados de las participadas son resultados que tiene que asumir el propio banco. Si no es así, ¿para qué las tiene? Lo propio es que los resultados en los balances que estas sociedades obtengan reviertan en la cuenta de explotación de quien ostenta la participación accionarial. Cabria una explicación a ese descuadre, y es que esos resultados estuvieran contenidos o se hayan llevado a las reservas en las sociedades participadas, ya que existe una partida contable en el balance del banco para reflejar estas reservas. Dicho de otro modo, estos resultados obtenidos por las filiales no se trasladan hacia los resultados del Santander en su totalidad, sino que se acumulan en sus reservas, que subsidiariamente también serian reservas del banco contenidas en la partida contable que figura en el balance con el epígrafe explicito de “Reservas en Sociedades Consolidadas”. Pero, cuando se analiza esta partida, no solo no se aclara nada, sino que se descubre que el esperpento es todavía mayor. Los números no cuadran por la acumulación de los miles de millones evaporados que superan los dos billones de antiguas pesetas.

Con todo este dinero sin control, ya no se sabe si esto es un agujero o es una ventana abierta por donde se van los recursos del banco al país de nunca jamás, o acaso es una cloaca donde van a parar los residuos tóxicos de las pérdidas a semejanza de la original contabilidad de Enron —repasada, por cierto, por el mismo auditor-, que posiblemente fuera el inventor del asunto. A la vista de las normas expuestas y su incumplimiento en grado superlativo, habrá también que referirse a quien las debe de hacer cumplir. Por todo lo expuesto, se evidencia que no existen controles. Los conglomerados financieros campan a sus anchas. De momento, las memorias de estas instituciones financieras son lo mismo que una revista de colorines en papel cuché, donde todos salen como en las revistas del corazón, muy bien fotografiados al lado de la chimenea en el día de Navidad. Mientras tanto se piden sacrificios a la sociedad estos personajes se llevan el dinero a sus refugios fiscales. Sólo con el conocimiento de la situación podremos salir de esta encerrona. No hay solución posible si se desconoce el problema que nos atañe.

Próximo post: Una justicia de pacotilla es responsable del desamparo de la población (2)

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Acerca de ataquealpoder

Periodista y escritor.
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8 respuestas a Conocer la verdad de lo que esta pasando es la única salvación posible (1)

  1. kikor dijo:

    Me has dejado “pasmao”. Tengo que digerir esta piedra de molino………..

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  2. Andrés dijo:

    Los que andamos por los 50 y hemos vivido todos los gobiernos de la falsidemocracia (ppsoe) y
    observando los partidos minoritarios (que son iguales) queriendo el poder que ese bipartidismo
    tiene controlado nos preguntamos; si la crisis dura 8 años con el pp y luego sale el psoe gobernando en minoria y haciendo los correspondientes pactos para seguir repartiendose la
    tarta, nos preguntamos hemos estado una parte de nuestra vida con dictadura alimentando a
    cien fascistas y el resto las tres partes restantes dando de comer a cienmil politiquillos “¿ que nos
    queda de positivo con la politica?.
    Si yo fuera del PP uno de esos 10 millones de votantes no me preguntaria nada solo que saliera
    mi partido y arrimarme que algo queda, si yo fuera del PSOE uno de esos 8 millones de votantes
    pensaría ahora nos toca a nosotros llevarnoslas calentitas.
    como no soy ni de unos ni de otros y tengo familia como para pensar en golpe militar o guerra de Iran ó Rusia y China, he llegado a la conclusión que la parte que queda de mi vida la voy
    a…….

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  3. Olimpia dijo:

    Magnífico blog, muy elaborados los artículos. Iba a escribir sobre el tema en mi humilde blog…¡no vale la pena! Simplemente, lo recomendaré efusivamente. ¡Muchísimas gracias!
    Me llevará tiempo, pero intentaré la lectura de todos los post.

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  4. jose maria rivas dijo:

    Por estos caminos si podemos saber cual es la realidad. Mientras que sigamos informados por los medios convencionales seguiremos engañados y ajenos a todo. INDISPENSABLE LA LECTURA

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  5. Robert Gatell dijo:

    Excelente, me pregunto para que pagamos con nuestros impuestos parte importante de las carreras de los muchachos y muchachas que acabaran robandonos. Mejor que se vuelva a enseñar Filosofia y Etica en las plazas de los pueblos y ciudades.

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