¿En qué consiste el juego que multiplica el dinero en la Bolsa?


La Bolsa es un juego que consiste en ir pasando de unos a otros una cerilla encendida, hasta que llega a uno que se quema los dedos. Esta definición le corresponde a John Kennedy al que se le supone debía de saber algo de este peliagudo asunto. El cuento siempre es el mismo: unos espabilados animan, con vehemencia, a los pardillos entusiastas para que alimenten con los ahorros de toda una vida el altar del capitalismo. Los ciclos se han ido repitiendo y después de desplumar a una promoción de entusiastas ha llegado otra todavía más entusiasta. El dinero, perderse lo que se dice perderse no se ha perdido tan sólo ha pasado de unas manos a otras. La amnesia y la semántica forman parte del sistema financiero. Dicen que el primer síntoma de crisis lo percibe este delicado instrumento del sistema. La quiebra de la banca de inversión estadounidense y la contaminación sobre las bolsas de valores del mundo entero derivó en una crisis global. A nadie se le tuvo que reclamar nada ya que no había nada que reclamar, lo que se pretendía es, tras el borrón, hacer cuenta nueva y tirar hacia delante como si nada hubiera pasado. Si algún mal se tenía que evidenciar era algo caído del cielo y propagado celestialmente. La crisis bancaria mundial requirió del rescate inmediato, con fondos públicos, para evitar el colapso mundial. En España, al rebufo del milagro español, no se declaró una actuación perentoria sobre la banca ya que jugaba en la Champions Ligue, faltaría más. El Banco de España tenía controlada la situación ya que por su clarividencia había obligado a la indomable banca a provisionar más allá de lo razonable. Todo el sector estaba más que sano: sanote y los riesgos del inmobiliario y del crédito desmadrado se les aplicaba la amnesia total. La mentira ha ido aguantando hasta ahora. Todas las apuestas que el tiempo iba apaciguar la tormenta han resultado infructuosas. Resulta imposible aguantar un día más la apariencia de solvencia que se precipita con la caída del IBEX-35.

Tengo la intención de programar una serie de post que de una forma u otra están encadenados pero para su mejor captación se hace necesario hacer un repaso a este invento de sacar dinero, a la pobre gente, invirtiendo en Bolsa. Veamos lo que da de sí, como referente del capitalismo, este santuario del mercado de valores. Pero antes un chascarrillo para tomar medida de lo que estamos hablando. “Dos empresarios en paro querían hacer negocios a toda costa decidieron en una comida unir fuerzas. Uno tenía un burro y se lo vendió a otro por 100 euros. Al cabo de un tiempo se volvieron a reunir para comer y el que había comprado el burro se lo vendió al antiguo propietario por 500 euros. Y así sucesivamente hasta que en la última transacción, por un millón de euros, el pobre animal se murió. “¡Qué desgracia! –clamó uno de los portentosos hombres de negocios- Con los buenos negocios que hacíamos y va el burro se nos muere. ¿Qué haremos ahora?. El empresario hundido y deprimido por la burbuja que el burro había ocasionado le contó la situación a un amigo por si podía echarle una mano en algún buen negocio. Estudiado el problema, el segundo le dijo al primero que tenía una partida importante de sardinas en conserva y podía vendérselas a quince euros la lata, convencido que el deprimido comerciante podía revender en poco tiempo a veinticinco euros la pieza. El apesadumbrado empresario aceptó el trato y compró las sardinas. Al cabo de varios meses se encontraron de nuevo y el vendedor preguntó al comprador por el asunto de las sardinas. “Abrí unas cuantas latas y resultó que estaban en mal estado, por lo que tuve que tirarlas y terminé arruinado del todo”. Y el otro ni corto ni perezoso, le soltó “Yo no te engañe; yo te vendí las sardinas para que las vendieras, no para que te las comieras”.

Una Bolsa de valores es un mercado atendido por intermediarios que reciben mandatos de sus clientes y en su nombre realizan negociaciones de compra venta de valores, tales como acciones de sociedades anónimas, bonos públicos y una variedad de instrumentos de inversión. Los intermediarios son conocidos con el nombre de corredores, agentes, sociedades de corretaje de valores y casas de bolsa quienes hacen su labor a cambio de una comisión. Los participantes en la operación de las bolsas son básicamente las empresas y organismos públicos que demandan capital y los ahorradores e inversionistasque lo ofrecen. En teoría, veremos más adelante que no lo es tanto, las bolsas de valores, a largo plazo, fortalecen al mercado de capitles e impulsan el desarrollo económico de los países donde funcionan. En un estadio inicial es un mercado que se rige por la oferta y demanda para evolucionar acto seguido a un mercado especulativo. Veamos este importantísimo aspecto que determina la irracionalidad del mercado de valores. La demanda de capital la solicitan las empresas que deciden vender una parte de sus acciones en el mercado bursátil. Para poder entrar en la Bolsa las empresas deben hacer públicos sus estados financieros, ya que a través de ellos se puede determinar los indicadores que permiten saber la situación financiera de la compañía y establecer un valor real de la acción. Por lo tanto, brinda una cantidad de acciones a un precio en demanda de capital. Son los que ofrecen el capital, los inversores y ahorradores que evalúan la conveniencia de la compra de estas acciones. Esta es la única vez que la caja de la empresa recibe dinero de esta operación bursátil, se le conoce como mercado primario. A partir de este mismo momento los inversores y ahorradores poseen un titulo de valor como accionistas. Aquí acaba el estado inicial del mercado que se rige por la oferta y la demanda.

Si se analiza convenientemente a las bolsas de valores se les adjudica un papel mucho más importante del que realmente meren. En las ampliaciones de capital (que más adelante hablaremos) ponen en contacto a las empresas y entidades del Estado necesitadas de recursos de inversión con los que disponen de ahorros. Es cierto que al canalizar el ahorro hacia la inversión, contribuyen así al proceso de desarrollo económico. También confieren liquidez a la inversión, de manera que los tenedores de títulos pueden convertir en dinero sus acciones u otros valores con facilidad. El problema es que el ahorro  esta sujeto a los riesgos de los ciclos económicos y sufren los efectos de los fenómenos psicológicos que pueden elevar o reducir los precios de los títulos y acciones. Pero volvamos a lo sustancial, una vez que una empresa ha entrado en el mercado bursátil o una de las ya cotizadas en Bolsa ha ampliado capital concluye el proceso de dirigir el ahorro hacia la inversión contribuyendo al desarrollo económico. Todas las demás transacciones que se puedan realizar entran en el capítulo de lo especulativo, es el mercado secundario. Como inversión, el ahorro canalizado hacia un titulo de valor, requiere una rentabilidad. En teoría, y siempre en teoría la rentabilidad de la acción, que es una parte alícuota del capital, debía de estar sujeta a los beneficios obtenidos por la compañía. Pero esta circunstancia es simplemente un señuelo.

La Bolsa, como instrumento del sistema bien podía haber desarrollado un saludable capitalismo popular. No hacia falta ser rico o riquísimo para participar como propietario de una compañía de primer orden. Los ahorros podían estar trabajando y produciendo una rentabilidad mayor en la Bolsa que en una cuenta bancaria con una escuálida retribución. Pero –es el pero de siempre- la codicia, tan ligada al capitalismo, se convirtió en un loco frenesí al percatarse los especuladores del impresionante botín que tenían al alcance de sus manos y a sus dueños tan desprotegidos. Los actores de la pillería no inventaron nada, todo consistía en el instinto básico de rapiñar el dinero ajeno. Los flujos que entraban en la Bolsa hacían incrementar el valor de las acciones que cotizaban. Había más compradores que vendedores, algunos valores podían incrementar considerablemente su valor. Mientras hubiera más compradores que vendedores la Bolsa iba hacia arriba. Como curiosidad no está fijado un mínimo de acciones para establecer un nuevo precio, por lo que un insignificante número de acciones que se transfieran afectan al universo del título en cuestión.

La banca en general, disfrazada de bancos de inversión se dedicó de pleno al intercambio y la Bolsa fue el lugar preferido. Cada banco tenía sus títulos patrocinados y un ejército de gestores se dedicaban a promocionarlos para incrementar su valor. Los gestores de las compañías cotizadas prestaban más atención a la “creación de valor” para los accionistas (que subieran de valor las acciones) que a la rentabilidad propia del negocio. La generosa retribución de los administradores estaba ligada a la creación de valor. Como consecuencia de esta disparatada opción los consejos de administración alardeaban de ofrecer una rentabilidad reducida atribuida al beneficio –producto de un desigual reparto- que contrastaba con una creación de valor espectacular. El mercado bursátil se volvió especulativo, todos los actores remaban en la misma dirección: que las acciones valieran más. Deslumbrados por el incremento de riqueza acudían nuevos ofertantes de capital con los ahorros de toda una vida en pos de un Edén que los hiciera ricos sin hacer nada. Más dinero en la Bolsa producía nuevos incrementos en el valor de las acciones. La Corte celestial les reservaba una endiablada sorpresa.

El sistema capitalista funciona a base de ciclos, parece lógico que así sea ya que se produce sin una planificación. También parece lógico que cuanto mayor sea el área geográfica que actúe la economía de mercado mayor probabilidad de desajuste puede haber entre la oferta y la demanda. Este es uno de los males de la Globalización, y de ahí la interconexión de las bolsas mundiales. Estos ciclos de vacas gordas y vacas flacas formaban parte asumida del capitalismo. Sobre esta probabilidad con base de acierto trabajaban los bancos de inversión bajo el lema “compra barato y vende caro”. Para este tipo de negocio no hacía falta más predicamento. Pero no era tan fácil, para que esto suceda se lo tienen que trabajar todos a una. Para comprar barato tenían que propiciar el momento con malas noticias sobre la proyección de la economía, provocando una caída del valor de las acciones. Para incentivar el descenso de las cotizaciones se recurre a una dosis mayor de que viene el lobo, cumpliendo con el objetivo de que cunda el pánico y los ahorradores e inversores de medio pelo vendan sus valores antes de perderlo todo. Era el momento culminante cuando entraban en el mercado los bancos de inversión comprando barato. La inmensa mayoría de los que vendieron lo hicieron con pérdidas. Las acciones pasaban de manos débiles a manos fuertes iniciando un nuevo ciclo con mejores noticias sobre la economía. Poco a poco iban creando expectativas de que todo ira mejor e iniciaban una nueva escalada de precios y las continuas subidas de los valores animaba a nuevos inversores a probar fortuna que parecía asegurada por la bondad del momento que parecía eterno. Se acercaba la oportunidad que las manos fuertes vendan caro, y lo vendían todo a los ansiosos por entrar en el Edén de la fortuna.

Cuando los medios de comunicación se desesperan anunciando grandes perdidas en la Bolsa. No era del todo así, las perdidas, lo que se entiende por quebrantos, nada de nada. Lo que unos pierden otros lo han ganado. No hay mejor radiografía de la Bolsa que la común partida de cartas: cada uno de los jugadores se sienta en la mesa con su dinero para apostar, unos con más y otros con menos. En el transcurso de la partida el dinero pasa de unas manos a otras, cuando un jugador pierde y decide retirarse del juego el dinero continúa en manos de otros. Podíamos decir, que algunos jugadores han perdido hasta la camisa, pero también es cierto que otros lo habrán ganado. A esta altura de la explicación intuimos a ciencia cierta que habrá averiguado quien son los descamisados y quienes los del sombrero de copa que se frotan frenéticamente las manos. La Bolsa, esta descomunal partida de cartas, de poker para americanizarlo, no parece que sea del todo el santuario capitalista que canaliza el ahorro hacia la inversión, contribuyendo al proceso de desarrollo económico sino más bien una timba de descomunales proporciones y repleta de tahúres en busca de inocentes pardillos.

Todavía da más de si la timba repleta de tahúres, para ello nos tenemos que remontar a tiempos pretéritos cuando el poder político tenía la exclusiva facultad de la emisión de moneda. Este privilegio no tardó en extenderse a los bancos, que obtuvieron la prebenda de crear el llamado “dinero bancario” bajo la tutela del Estado, con la prestación de que, sobre la inmovilización de gran parte de sus depósitos, financiasen la deuda emitida por el propio Estado. Las instituciones financieras acabaron rompiendo el monopolio del Estado emitiendo pasivos financieros que suplían la función del dinero. Pero no acabó aquí la cosa, pues del “dinero bancario” se pasó en pocos años al novísimo “dinero financiero”, que inauguró una nueva etapa de la historia -Nueva Economía, Globalización o como gusten-  cuyo destino ningún gobierno (ni los Estados más poderosos) ni ningún organismo internacional fue capaz de controlar. Veamos pues, la vida y milagros del extraordinario “dinero Financiero”.

La facultad exclusiva del Banco Central Europeo -y otros bancos centrales- de emitir moneda, con la Nueva Economía dejó de ser exclusiva. Evidentemente, no con buenas artes por parte de las grandes corporaciones financieras que acabaron emitiendo su propia moneda. Los títulos que representan la parte alícuota del capital de estas sociedades pasó a ser la nueva moneda de cambio que estimuló la adquisición de otras empresas que no eran adquiridas por el desembolso dinerario alguno. Atrás
quedó la concepción de depósito de valor que tenían los títulos de las
compañías, para reciclarse en la emisión de pasivos con las que financiar las adquisiciones de otras sociedades, que no se pagaba en metálico, sino con la nueva moneda que circulaba sin control por los mercados financieros: los títulos de las propias sociedades compradoras.

La creación de valor para el accionista fue el santo grial que impulsó a los consejos de administración a emitir papel tras papel con ampliación de capital tras ampliación de capital. La autorización para estas emisiones la conseguían en la Junta General de Accionistas, un circo que llega cada año a modo de pantomima en que los acuerdos están más que acordados al reunir una masa insignificante de asistentes al acto y donde los administradores, a través de las delegaciones de voto, tienen asegurada su aprobación. Ni los asistentes más avezados consiguen percatarse de la oratoria de los acuerdos sometidos a votación, al ser leídos a la velocidad del rayo. Ni tan siquiera se votan, se dice simplemente “se aprueba” mientras quien los recita está ya a la mitad del siguiente acuerdo. Estas emisiones, que pueden representar en una sola entidad miles de millones de euros, quedan excluidos los accionistas. Los administradores se facultaban, a ellos mismos, la disposición del papel emitido (acciones) que se utilizaba como una moneda de cambio para adquirir otras sociedades que no se pagaban con dinero sino con un título valor. Este cambalache, con la opacidad que se gestionó enriqueció a unos, y provocó la dilución del valor de las acciones.

Se hace oportuno desvelar el intríngulis de este cambalache que en apariencia es una adquisición pero trae tras de si magia potagia: un banco, harto de engullir otros bancos, compañías financieras y de leassing, acaba comprado otro banco que lo fusiona sin dejar rastro, todos los rótulos de las oficinas bancarias son cambiados. De hecho, para cualquiera que pasara por la calle o tuviera una cuenta en el banco adquirido le podía parecer una compra en toda regla. ¿Cómo demonios se las había apañado el banco comprador sino dispone de suficiente dinero en caja, no había vendido ninguna propiedad, ni tampoco se había endeudado?. La cuadratura del círculo convertida en milagro: se paga la compra con acciones nuevas, pero el truco está en el precio. Las nuevas acciones se emiten a valor contable que dista mucho del valor en Bolsa. El auditor después de vueltas y revueltas con un lenguaje encriptado acaba por dar la razón a los administradores que el valor de las acciones a emitir tienen el valor contable.

Se da la circunstancia, que una vez emitidas las acciones nuevas, adquiridas por los administradores a menos de la mitad de precio, valen lo mismo que las viejas que están en el mercado. Elemental querido Watson, a los accionistas del banco adquirido se les paga con acciones a valor de mercado, mientras la fabulosa maquina instalada en la planta noble las fabrica a su valor bursátil. Algunos salen ganando, sobre todo los que engullen el diferencial entre el valor contable y el valor de mercado. Otros pierden. Las acciones viejas, las que estaban en circulación en manos de los accionistas excluidos, sufren una dilución de su valor al haber más en circulación sin que exista una correlación con el bien adquirido. Consolidada la operación de fusión, adquisición o compra, el descenso del valor en Bolsa lo achacan a cualquier otro evento que se inventan, y todos contentos. La alegría a los señores del dinero se la aporta el alma caritativa del auditor. Todo se basa en el informe de la compañía auditora, que paga generosamente el auditado, y si este es favorable, no puede se de otra forma, transita por todos los organismos de supervisión con el visto bueno que nadie cuestiona nada de nada.

La Nueva Economía cambió de un plumazo los principios básicos que sostenían las relaciones financieras tradicionales que se sostenía el sistema capitalista: las plusvalías. La sencilla regla por la que se sustentaban las cotizaciones de las acciones referida a los beneficios o pérdidas de las empresas dejó con todo este embrollo de ser un referente. Todas las bolsas a nivel mundial subían o bajaban al unísono, fue un indicio más que evidente que lo que ahí se jugaba estaba apartado del beneficio empresarial y más ligado a una timba descomunal. Duró más de lo que tenía que haber durado, hasta que se precipitó al abismo. En el mismo momento que la banca de inversión desapareció victima de sus propios pecados se esfumaron también los agentes que venían poniendo suelo en los mercados, comprando y moviendo los títulos en momentos de baja. Los que compraban barato y vendían caro dejaron de existir o eran una parte insignificante en el mercado bursátil. Los bancos comerciales, o lo que quedaba de ellos, estaban más preocupados por su propia falta de liquidez que por acudir a la Bolsa en busca de oportunidades de títulos a precio regalado. La Bolsa quedó totalmente desestructurada, los actores del gran espectáculo del capitalismo sin capital quedaron engullidos por su propia codicia. Esto es lo que hay.

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Acerca de ataquealpoder

Periodista y escritor.
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9 respuestas a ¿En qué consiste el juego que multiplica el dinero en la Bolsa?

  1. Marga dijo:

    ladrones de guante blanco, siempre se ha dicho, esta definicion era para politicos, banqueros, cargos. Estos ladrones, no suelen ir a la carcel, no cabrian. Son grupos de bacterias que parasitan en el genero humano, forman colonias que llaman “sistema.Los humanos que viven acojonados , buscan que sigan comiendo y dando las gracias, todas sus miserias, pobreza errores y piojeras, se las tiene que solucionar el pueblo. Desde que el mundo existe, ellos estan ahí. La revolucion francesa, la mejor cambio bastante, claro lo quedo todo perdido con tanto corte de cabeza.

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  2. Pisciotta dijo:

    Encantada de leerte de nuevo.
    Un saludo.

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  3. Gustavo Giménez dijo:

    Querido José Manuel. Encantado de tenerte con nosotros de nuevo tras el tropiezo. Pásate por http://videotecaalternativa.net/plantas-que-curan-plantas-prohibidas-la-dulce-revolucion donde tu tocayo Josep Pamies quizás te pueda hechar una mano en este trance. Un fuerte abrazo, y buena suerte.

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  4. Daniel dijo:

    interesante pagina sobre estadistica, estoy iniciando mis estudios en esta area, donde puedo encontrar mas informacion hacerca de sus servicios y agenda para este 2012? tambien comparto con ustedes la noticia sobre Cesar Alierta http://www.labolsa.com/foro/mensajes/1008759405/
    saludos.

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  5. Gustavo Giménez dijo:

    Quisira consideraras la lectura de este proyecto que es a mi entender una respuesta concreta y elaborada e internacional del camino que con tanto acierto venís trazando los que enfocais la economía desde otra perspectiva diferente al pensamiento único neoliberal

    http://espanol.larouchepac.com/node/16758

    Gracias.

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  6. Guillermo dijo:

    Hola Josep Manuel, veo que continúas a la carga y espero con las mismas fuerzas, yo encantado con seguirte de nuevo.
    Hoy he perdido el tiempo siguiendo la comisión de investigación en el Congreso,no se como tienen aún vergüenza de llamarse entre ellos “SEÑORIAS”.
    ¿Crees que alguno de ellos entiende los tecnicismos de ingeniería financiera made in RATO?
    ¿Coincidencias entre la comisión estatal y la de Catalunya?
    Todos están en el mismo barco, no habrá ninguna responsabilidad, como siempre.
    Seria mejor que nos los explicaras tu.
    Un saludo
    Guillermo

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  8. Genjuro dijo:

    Efectivamente buena parte de los beneficios en bolsa de grandes corporaciones son a costa de los pardillos que invierten sin tener ni puta idea. El problema es la naturaleza humana que nos empuja a todos a pensar que no hay nadie más astuto en el mundo que nosotros sin saber que los hay mucho más astutos y que encima tienen muchos más medios a su alcance. Porque hay que tener en cuenta que esas manos fuertes de las que se habla en el artículo no sólo conocen el negocio, no sólo disponen de superordenadores con software exclusivo orientado al análisis bursátil, sinó que gracias a su ingente capital son capaces de modificar la cotización de las acciones con lo que lo tienen todo para ganar.

    Es curioso como nadie plantea incluir una asignatura de economía en primaria y secundaria, mientras que siguen permaneciendo asignaturas como música o educación para la ciudadanía. Si esa asignatura se hubiera implantado hace 20 años dudo mucho que los grandes males que han asolado a la economía española (burbuja inmobiliaria, burbuja puntocoms, preferentes, fórum filatélico, pagarés de Rumasa, etc.) se hubieran producido en la magnitud en la que lo han hecho. Pero claro, para que las grandes élites económicas sigan obteniendo sus beneficios necesitan una población sin conocimientos económicos a la que poder expoliar a su antojo.

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